jueves, 19 de marzo de 2009

Observan neuronas del aprendizaje

Por Glenys Álvarez

Neurología. Investigadores de la Universidad de Washington han publicado los resultados de un experimento donde han observado las neuronas que se encargan de que los perros de Pavlov salivaran cuando escuchaban el estímulo secundario.

Los experimentos de Ivan Pavlov, clásicos de la psicología, se encuentran todavía entre los cimientos del aprendizaje animal. El investigador ruso grabó su nombre para siempre en los anales de la conducta al demostrar los fundamentos de un tipo de aprendizaje esencial, que ha sido denominado condicionamiento asociativo o pavloviano.

Durante el famoso experimento, Pavlov utilizó perros a los que insertó quirúrgicamente unos contenedores en la mandíbula inferior para recoger el resultado de la salivación, una variable clave en sus conclusiones. La prueba era bastante simple. Los animales recibían un premio que el experto acompañaba con el sonido de una campana. Los perros eran llevados al laboratorio y una vez iniciada la prueba comenzaban a salivar pues esperaban su comida. Lo que el investigador deseaba demostrar era que los perros salivarían si escuchaban el sonido de la campana sin el alimento, pues habían aprendido a asociarlo con la comida. Sus experimentos le dieron la razón.

Ahora, en un laboratorio moderno de tecnología neurológica, un equipo de científicos de la Universidad de Washington ha descubierto, precisamente, las neuronas involucradas en el condicionamiento pavloviano.

“Este tipo de condicionamiento es una forma fundamental de aprendizaje a lo largo de todo el reino animal y es un modelo de investigación muy usado para el estudio de la plasticidad cerebral o de cómo los circuitos neuronales pueden cambiar como resultado de la experiencia”, explicó la autora del experimento, Ilene Bernstein, para el servicio noticioso de ciencia EurekAlert.

En esta ocasión, los investigadores no utilizaron perros sino ratones. Además, un nuevo método que sirve para observar neuronas una por una, permitió que los expertos pudieran visualizar estas células cerebrales en acción, precisamente cuando el animal estaba siendo condicionado. Las neuronas estudiadas se encuentran en la amígdala cerebral y los expertos observaron directamente las neuronas convergentes cuando se sospechaba que estaba ocurriendo un proceso de aprendizaje.

Para lograr la observación del aprendizaje los investigadores utilizaron una técnica conocida como aversión condicionada al sabor. “La aversión al sabor ha evolucionado en muchas especies como una forma de proteger al animal para que evite contacto con alimentos tóxicos”, explicó la investigadora.

Prueba de aversión al sabor
Arc CatFISH es el complicado nombre de una nueva tecnología que permite que los científicos observen neuronas con un mayor grado de detalle. Mediante el uso de esta novedosa máquina de imagen, los expertos lograron ver la activación del condicionamiento convergente que tomó como 30 minutos para ocurrir en los cerebros de los roedores. “Para la prueba de aversión al sabor, permitimos que ratas sedientas tomaran una solución de sacarina durante cinco minutos. Luego de 25 minutos, les inyectábamos cloruro de litio, lo que causa náuseas, cinco minutos más tarde, los animales eran sacrificados. Lonjas de sus cerebros fueron examinadas con minuciosidad, a través del Arc CatFISH, para ver si algún cambio importante ocurrió durante el proceso.

Estímulos condicionados y no condicionados
El líquido con sacarina era el estímulo condicionado que usaron los expertos en el experimento, el no condicionado era el cloruro de litio. “Cuando observamos las imágenes obtenidas con el escáner, notamos que algunas neuronas fueron activadas por la sacarina (estímulo condicionado) mientras que otras fueron activadas por el cloruro, más aún, un grupo de neuronas fueron transformadas por ambos estímulos”, explicó Berstein. En un experimento siguiente, los investigadores revirtieron el orden de los estímulos. “Sabemos que cuando esto ocurre el aprendizaje cesa”. Precidamente, cuando las ratas recibían primero el cloruro de litio y luego la sacarina, ninguna de las neuronas se activaban”, explicaron los investigadores quienes han publicado los resultados del estudio en el diario científico “Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias”.

La verdad sobre la reciprocidad

Por Glenys Álvarez

Estudio. De acuerdo con varios experimentos realizados en las calles de Chicago, actuar mal o tomar cosas de otras personas, escala de forma tal, que un conflicto pequeño puede tener consecuencias desastrosas y todo por la forma en que actuamos.

Es indudable que vivimos afectados por los intercambios sociales que experimentamos diariamente. Desde que ponemos un pie, o una goma, en la calle, comenzamos a interactuar, de una forma u otra, con todo el que se nos cruza y nuestras reacciones influyen, no sólo en nuestras conductas inmediatas, sino en el comportamiento de los demás. Ciertamente, un nuevo estudio sobre la reciprocidad muestra conductas y efectos bastante sorprendentes sobre esta característica humana.

Cuando nos referimos a esa cualidad de reciprocar, no siempre hablamos de lo positivo. De hecho, de acuerdo con los resultados del nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Chicago, la reciprocidad es mucho más asimétrica de lo que pensamos y, más aún, ser malo o actuar negativamente, causa más reacciones a corto y largo plazo que actuar bien, como una buena persona. Por supuesto, que no quiere decir que ganaremos más siendo peores, sino que cuando actuamos así, al final recibimos mucho menos.

Tomemos un ejemplo que nos resultará a todos muy familiar: el tránsito. Los investigadores en Chicago aseguran que las reacciones cuando manejamos ejemplifican muy bien los resultados de otros experimentos. “Cuando una persona maneja de forma generosa y amable, dejando a otros pasar, ese chofer es probable que actúe de forma considerada como respuesta, sin embargo, el que se incomoda, corta y bloquea el paso, originará un efecto que puede escalar en un conflicto innecesario y sumamente violento”, explicó para EurekAlert, Boaz Keysar, profesor de psicología de esta universidad y autor principal de este experimento.

De acuerdo con el equipo de Keysar, la reciprocidad negativa, o el arte de tomar, tiende a escalar. Y, según los científicos, el asunto se torna aún peor porque la persona que está siendo inconsiderada y actuando mal, no tiene idea de la forma en que el otro, el recipiente de la acción, lo toma. Esa persona, aseguran, puede tomarlo tan mal que un simple bloqueo se convierte en una estúpida tragedia.

“El que actúa mal no sabe cómo la víctima tomará su acción y la víctima, que no puede imaginarse que el otro no lo tome en cuenta ni aprecie su indignación, responde aún más violentamente. Así continúa este ciclo vicioso que daña más en sus dimensiones negativas que en sus positivas”, explicó Nicholas Epley, profesor de economía de la misma universidad.

Los gestos generosos son percibidos como mayores que los actos en que la persona toma y no da, aún tengan el mismo valor de forma objetiva. En resumen, tomar de más, al final, lo dejará con mucho menos.

El misterioso altruismo primate
Cuando estudiamos la evolución de la conducta animal, buscamos sus orígenes en las ganancias, lo que el animal obtiene si se comporta de tal o cual forma. Por ello, conductas altruistas y generosas, son muchas veces difíciles de explicar, especialmente en animales con menor desarrollo cerebral. Sin embargo, el intercambio social responde a muchas de estas cuestiones. Los humanos, sobretodo, somos animales intensamente sociales y nuestro progreso depende del éxito social del grupo. Esta cualidad ayuda a explicar por qué actuamos como actuamos. En esta ocasión, el efecto de la generosidad es mucho menor que la reacción que produce actuar mal. Cuando la conducta es negativa, lo sembrado se cosecha después en menores logros para el grupo o el individuo que se portó mal.

Experimentos con transacciones monetarias
Los investigadores salieron a demostrar sus hipótesis tanto dentro de la universidad como en el centro de Chicago, con personas desconocidas. Los experimentos fueron realizados con dinero, los investigadores dividieron a grupos de estudiantes y formaron un juego con ellos donde las ganancias serían monetarias. En uno de ellos, uno de los voluntarios sabía que otro estudiante había recibido cien dólares y que él podía quitarle tanto como quisiera. Cuando los estudiantes tomaban 50 dólares y los papeles eran cambiados, los demás tomaban más cuando era su turno, sin embargo, cuando era una cuestión de dar y no de tomar, los voluntarios eran más justos unos con otros.

Oxitocina en la conducta social

Por Glenys Álvarez

Neurología. No sólo es la hormona que nos ayuda a alumbrar, que promueve la unión entre la madre y el bebé y la mujer al hombre, sino que tiene un papel crucial en la memoria social de los seres humanos pues ayuda a reconocernos.

La oxitocina hace mucho tiempo que es noticia. En artículos anteriores aquí en la sección de Ciencia, hemos explicado su relación en el sexo, específicamente en cuanto al orgasmo femenino y la producción de la hormona, que a su vez genera confianza del sexo femenino hacia la pareja. También protagoniza el parto, induciéndolo y distribuyendo la sustancia en la leche materna, la oxitocina no sólo une a la pareja sino que fomenta este lazo entre la madre y el niño, especialmente durante la lactancia.

Pues bien, en nuevos experimentos, investigadores han descubierto que la hormona también ayuda en la habilidad de las personas para reconocer caras. Un proceso que también comienza en el bebé durante su época de lactación.

“En estudios anteriores habíamos visto el papel de esta hormona en el reconocimiento social. Los humanos solemos buscar pistas visuales para reconocernos unos a otros, sin embargo, en los ratones el asunto es distintos pues ellos usan el olfato para saber si otro animal pertenece o no a la familia. En ese sentido, la hormona es de bastante uso entre los roedores”, explicó en el Diario de Neurociencias, donde fueron publicado los resultados, Peter Klaver, de la Universidad de Zurich y autor principal del experimento.

Los participantes en el estudio recibieron directamente una dosis de oxitocina, vía nasal, para luego resolver ciertas tareas diseñadas por los científicos involucrados en el experimento.

“Ya habíamos visto que la hormona ayuda a crear sentimientos de confianza entre las personas, no sólo entre parejas, donde el lazo es mucho más fuerte, pero también en situaciones sociales comunes. Sin embargo, todavía no estaba claro su papel en la memoria, principalmente en la memoria social, esa que nos dice si conocemos a alguien y a qué grupo social pertenece”, dijo Klaver. “No podemos olvidar que el reconocimiento facial es un paso crucial en nuestro éxito en la interacción social entre humanos, si este proceso no funciona nos veremos en graves problemas”.

El experimento observó por primera vez el efecto directo de la hormona oxitocina en el reconocimiento facial entre humanos.

Los investigadores agregan, además, que el estudio apunta las similitudes que existen entre los humanos y los ratones, específicamente en tareas sociales y de la memoria, por lo que se conoce un poco mejor el sistema que rige la conducta de ambos. “Sabemos que la oxitocina es una hormona que juega un rol crucial en el comportamiento social, este conocimiento avanzaría nuestros estudios sobre el autismo, donde un daño existe que impide una correcta comunicación social.

Un asunto de confianza
Muchos de los estudios que se han elaborado en base a la oxitocina han sido realizados por economistas. Ernst Fehr, también de la Universidad de Zurich, fue uno de los pioneros en estos experimentos. “Cuando el descubrimiento sobre el vínculo de la oxitocina con la confianza fue hecho público, era preciso que otros análisis se realizaran que averiguaran a fondo que tan confiados podrían ser los humanos bajo los efectos de la hormona, por eso ideamos una seria de experimentos a doble ciego que involucraban dinero. Fueron los primeros en descubrir esta unión directa entre la hormona y la confianza”, dijo Fehr. Ciertamente, los estudios también explican por qué una mujer se le dificulta más el sexo sin amor, ya que la liberación de la hormona durante el sexo la lleva a confiar, prematuramente, en la pareja.

Hormona vs. placebo
Los voluntarios en el estudio tenían en su poder unos irrigadores nasales, en un grupo las botellas estaban llenas de oxitocina mientras que en el otro había un placebo. Una vez los participantes inhalaban una dosis del líquido, los investigadores les enseñaban imágenes varias, desde casas hasta rostros de personas. Al otro día, cuando los voluntarios regresaban, los científicos los esperaban con una prueba sorpresa donde debían recordar, entre más imágenes, las que ya habían visto el día anterior, las que les parecían sumamente familiares pero no recordaban dónde las habían visto y aquellas que conocían bien, incluyendo haberlas recordado del día anterior. Interesantemente, ambos grupos recordaron perfectamente bien los objetos que no tenían connotaciones sociales, sin embargo, el grupo que había recibido la oxitocina recordó mucho mejor los rostros que le habían presentado el día anterior.

Extrañas condiciones del sueño

Por Glenys Álvarez

Investigación. Explosiones en la cabeza, alucinaciones, luces intensas y la terrible sensación de no poder moverse o despertar son algunas de las condiciones cerebrales que originan leyendas e historias de ficción por sus impresionantes efectos.

La carta era escueta, sin muchos detalles. Lo esencial era la pregunta y el miedo de la persona que cuestionaba. “¿Por qué en algunas ocasiones me despierto en medio de la noche por explosiones en mi cabeza?, preguntaba el señor desconcertado. La respuesta del neurólogo revela uno de los más extraños casos en el conocimiento sobre el sueño y a veces parece “cosas de películas y libros de ficción”, con los síndromes y las condiciones con las que vivimos las personas en el mundo.

El nombre del síndrome no es muy original aunque sí bastante preciso. De acuerdo con el neurólogo Randolph W. Evans, del Colegio Universitario de Medicina Baylor, esta experiencia fue reconocida por primera vez en 1988 por el neurólogo británico John Pearce que la nombró “síndrome de la cabeza explosiva”, para alivio del paciente que preguntaba, la condición no es para nada letal ni peligrosa.

“Durante uno de estos episodios, la persona se despierta por un estallido inusualmente agudo en su cabeza. Algunas personas lo describen como una explosión, otros dicen que se asemeja a enormes olas que embisten contra los arrecifes o como un rugido, explican otros más. Los episodios suelen ocurrir cuando las personas están por caer rendidos y suceden menos cuando están a punto de despertarse”, explicó Evans.

De acuerdo con estudios elaborados con pacientes que padecen del síndrome, esta condición suele ocurrir más frecuentemente en personas de más de 50 años y las explosiones varían en su frecuencia. “Muchas personas se quejan, luego de despertar, de haber visto luces intensas y muchas veces de no poder respirar, de hecho, se despiertan porque algo los obligó a respirar y sienten mucha ansiedad después del episodio”, agregó el investigador.

Ciertamente, soñar es una de las más creativas acciones cerebrales y el proceso cautiva tanto a científicos como a todo el que sueña. El cerebro pasa por un sinnúmero de fases para obtener su descanso y en muchas de estas fases ni siquiera parece que realmente está descansando. A pesar de que las causas de estas explosiones se desconocen, o mejor dicho, no se tienen evidencias sobre el origen de los estallidos, especialistas del sueño especulan que se debe a que la formación reticular del tallo cerebral, que es como un interruptor para el sueño y el despertar, no se apaga bien en el momento necesario. Este tallo se adhiere espina dorsal y el malfuncionamiento allí es posible que produzca estas alucinaciones.

Parálisis de sueño
Esta condición del sueño no es tan extraña como las explosiones, de hecho, se supone que le ha ocurrido a por lo menos del 40 al 60% de la población. Sin embargo, los episodios pueden ser tan intensos y causar un sinnúmero de alucinaciones, lo que ha originado que nazcan de allí las más fantásticas leyendas urbanas. Aquí en Ciencia habíamos hablado antes del fenómeno. En Asia, la población le atribuía el problema a demonios debido a que las personas ganas consciencia en medio del sueño sólo para comprobar que no se pueden mover. Esto ocasiona pánico y sensaciones varias, desde pensar que alguien le impide moverse, alucinar que un demonio está sentado en su pecho o que una presencia maligna lo acompaña en el cuarto. De hecho, las historias sobre secuestros extraterrestres han salido de intensas ocurrencias de la parálisis de sueño.

¿Qué pasa cuando nos dormimos?
Ya hemos hablado de la fase REM, cuando los ojos se mueven constantemente y los sueños se encuentran en su momento más activo, de hecho, es difícil diferenciar a un cerebro soñando de uno que está despierta debido a la actividad que se nota en ambos. Pero antes del REM, pasamos una etapa donde no soñamos pero sí nos dormimos, no es exactamente el sueño profundo en el que caemos después varias veces, sino uno distinto. Uno de los mecanismos que usa el cerebro al dormir es la desactivación del área motor, de esta forma no actuamos nuestros sueños como locos sonámbulos y es allí donde se ha explicado la parálisis. “Estos ataques suelen ocurrir cuando la persona está cayendo dormida, sabemos que durante episodios de REM el cerebro desactiva el área motora para que no te muevas, pues, precisamente, estas personas caen en la etapa REM rápidamente, sin pasar por la otra fase y se despierta por alguna razón sin el cerebro poder activar rápidamente su parte motora”, explicó el psicólogo Christopher French.

Serotonina, un regulador social de insectos

Por Glenys Álvarez

Zoología. La esencia de la investigación científica es la búsqueda de soluciones a problemas humanos y, en este sentido, un nuevo experimento brinda respuestas hacia la erradicación de las dañinas plagas de insectos.
En el reino animal, las diferencias entre organismos son obvias. Ninguna persona notará similitudes entre nuestra especie y cualquier tipo de insecto, por ejemplo; sin embargo, existen significativas similitudes que nos enlazan a todos como parte esencial de la evolución de la vida sobre la Tierra.

Tome la serotonina como muestra. Este neurotransmisor, encargado de un sinnúmero de funciones en el ser humano, se encuentra presente también en cada organismo multicelular en el planeta. No sólo eso, en muchos insectos, como en el caso de las plagas de langostas (locust), el neurotransmisor es responsable, precisamente, de transformar estos bichos de solitarios y tranquilos ermitaños subterráneos, a unos animales sumamente sociales que salen a poblar enormes espacios de la superficie terrestre.

El nuevo descubrimiento, publicado en el diario científico Science y realizado por investigadores de las universidades de Cambridge y Princeton en el Reino Unido, ha buscado el mecanismo que precede a la plaga de estos insectos para descubrir allí su origen y así manipular la fisiología del animal y cambiar su conducta.

“Los insectos que decidimos estudiar, precisamente”, explicó en una entrevista telefónica para EurekAlert el autor principal del estudio, el doctor Stephen Rogers, “son los llamados langostas del desierto, lo peores de su clase. Creemos que, por lo menos, el 20% del mundo es afectado por la aparición en masa de los insectos”.

Estos enjambres de incontables langostas del desierto ponen en peligro cualquier cosecha de la agricultura, estudios han estimado que muchas veces hasta mil millones de los animales salen a la superficie a causar daños materiales para los seres humanos.

“En los últimos años, la plaga de langostas ha causado enormes daños en Australia, China y África”, explicó el doctor Malcolm Burrows, de Cambridge, otro de los autores del estudio.

“Ya habíamos identificado el estímulo sensorial que lleva a estos insectos a cambiar de conducta, pero el descubrimiento de un mecanismo neuroquímico que vincula todos los elementos nos abre nuevas puertas para actuar. No es que vayamos a detener las plagas mañana, pero ahora es más probable que podamos elaborar un plan para erradicarlas”.

Para los especialistas, el experimento muestra la importancia de estos neurotransmisores en la conducta animal. La serotonina es un elemento típico en los antidepresivos elaborados para humanos, sus receptores son blancos de estas drogas que intentan hacer el neurotransmisor más disponible en el cerebro.

“Es muy curioso. Tienes a este insecto antisocial y solitario y le das un poco de serotonina y sale de su hueco a socializar como loco”, explicó Rogers.

Señales del medio a su alrededor
Pero la serotonina es sólo un paso más en el complicado baile de las langostas del desierto. Investigaciones anteriores ya habían estudiado las distintas señales que parecen activar la conducta gregaria en la masa de insectos. Una de las primeras señales es la falta de comida, cuando las fuentes se agotan en el desierto, los insectos comienzan a salir de sus huecos y a congregarse. Físicamente, estos insectos también pueden cambiar en respuesta a estímulos específicos. Por ejemplo, la estimulación de sus patas traseras y el olor y la visión de los otros insectos a su alrededor. “Cuando detectamos los altos niveles de serotonina, decidimos estudiar si era un elemento que ayudaba en la transformación de solitario a social. Y, precisamente, fue eso lo que descubrimos. Las señales causan un aumento en el neurotransmisor. Más aún, cuando inhibíamos la serotonina en el cerebro, los insectos se mantenían calmados y no se interesaban en socializar.

Algunos datos sobre las langostas
Estos insectos son saltamontes que producen enjambres; de hecho, de las ocho mil especies conocidas en el mundo de saltamontes, más o menos una docena enjambran. Una langosta del desierto adulta mide de dos a dos pulgadas y media y pesan mucho menos de una onza, sin embargo, cuando de alimento se trata, un adulto de estos insectos es capaz de consumir su peso en comida. Estos insectos son, además, voladores prodigiosos que son capaces de cubrir distancias de hasta 120 kilómetros en cinco a ocho horas de vuelo. Un dato interesante de estos animales es que las conductas que presentan durante sus vidas son tan diferentes, que los científicos pensaban que se trataba de dos especies distintas de insectos hasta que en 1921 se dieron cuenta de que se trataba del mismo insecto actuando bajo los efectos de la serotonina.

La serotonina y el suicidio

La serotonina y el suicidio
Por Glenys Álvarez

Neurología. De acuerdo a nuevos estudios, los inhibidores de este neurotransmisor benefician a los adultos con depresión al reducir significativamente en ellos, los pensamientos de terminar con sus vidas.
Uuna curiosa noticia sobre la serotonina y una especial especie de saltamontes. Este neurotransmisor, que se encuentra en grados diversos en todos los organismos multicelulares terrestres, es capaz de convertir a estos antisociales insectos en los animales más gregarios sobre el planeta, causando en su revuelo plagas que causan enormes daños en varios continentes.

Por ello, al leer la nueva noticia no debe sorprendernos el descubrimiento realizado por los científicos: la manipulación de la serotonina en los seres humanos puede prevenir algunos suicidios.

En la noticia mencionada hablábamos también de la presencia de receptores de serotonina en los antidepresivos, un vínculo que no debe pasar desapercibido ya que la depresión puede llevar, indiscutiblemente, al suicidio. Esta vez, los resultados llegan desde la Universidad de Verona en Italia, un equipo de científicos de la Organización Mundial de la Salud, trabajando desde esta universidad, asegura que la “reabsorción de inhibidores selectivos de serotonina” (SSRI son sus siglas en inglés), pueden disminuir el riesgo de suicidio en personas ya deprimidas.

“El estudio es un meta análisis de ocho investigaciones a gran escala cuyo objetivo principal era, esencialmente, saber si estos inhibidores eran capaces de aumentar o disminuir el riesgo en estos pacientes depresivos”, explicó para EurekAlert el doctor Corrado Barbui, uno de los especialistas en el estudio.

Entre los experimentos realizados anteriormente, investigadores de la Administración de Alimentos y Drogas en EE.UU. (FDA), encontraron que el riesgo de suicidio para personas sobre 25 años en estado de depresión era mucho mayor y tendía a aumentar opuestamente a los pacientes de más de 65 años de edad. Otro elemento curioso surgió de los estudios, una advertencia para todos los jóvenes menores de 25 años que estuvieran tomando antidepresivos. Al parecer, el control de la serotonina tenía participación significativa en estos pensamientos de suicidio.

“La muestra de la FDA mostraba un efecto neutro en todos los pacientes, sólo iba en aumento en las edades entre los 18 años de edad y los 25, lo que hemos descubierto ahora es que estos inhibidores selectivos de serotonina construyen un efecto intensamente protector asociados con los adultos que estaban bajo tratamientos con SSRI”, explicó Barbui.

Los científicos aconsejan a los médicos no preocuparse al recetar estos componentes a pacientes con cuadros depresivos fuertes ya que está demostrado que ayudan, en estos individuos, a disminuir sentimientos y deseos de terminar con sus vidas.

Control de funciones sociales
La neurología se acerca cada día más a la explicación de la conducta animal a través de una fina manipulación de los químicos que realizan varias y complejas funciones en nuestro cerebro. Desde hormonas que incrementan la confianza, hasta neurotransmisores que te incitan a amar apasionadamente, la evolución se ha encargado de “armar” a los organismos de forma tal, que obtengan el objetivo principal de la vida: copiar sus genomas. En este sentido, la serotonina ha demostrado tender control de funciones sociales, como en el caso de los insectos langosta, y es posible que esta cualidad intervenga al momento de inhibir pensamientos de quitarse la vida. “Es alarmante la forma en que las advertencias anteriores han lastimado los tratamientos con serotonina en los jóvenes, algo en lo que debemos reflexionar profundamente frente a estos nuevos análisis”, dijo el doctor Robert Gibbons de la Universidad de Illinois.

Terapia genética para la salud de las encías

Por Glenys Álvarez

Genética. Investigadores de la Universidad de Michigan han conseguido utilizar exitosamente la terapia con genes para detener y sanar la enfermedad periodontal, la causa principal de la pérdida de dientes en los humanos.

La enfermedad periodontal, periodontitis o piorrea, ha encontrado su talón de Aquiles en la terapia genética. Esta condición odontológica es la responsable de que se nos caigan los dientes y, hasta el momento, la única solución se encontraba en la silla del dentista. Sin embargo, la genética, donde pensamos terminarán todas estas condiciones, ofrece hoy, en las manos de un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan, una alternativa impresionante a la cirugía de las encías.

Hasta la fecha, la terapia genética ha desatado más dolores de cabeza que soluciones objetivas a problemas reales. En un principio, la tecnología que poseemos sigue siendo limitada a la hora de enviar los genes a los lugares requeridos con las recetas para que construyan las proteínas necesarias. No es un trabajo simple ni fácil y se requiere, además, de un conocimiento del genoma y sus componentes que aún se encuentra muy limitado. De hecho, los ensayos con las terapias genéticas para niños con problemas heredados no ha dado resultado hasta el momento.

Sin embargo, los científicos en la Universidad de Michigan no están lidiando con una enfermedad letal sino con problemas en las encías, ciertamente, es la primera vez que se usa la terapia genética para combatir un problema crónico y no fatal.

“La enfermedad periodontal inutiliza, no mata”, explicó el director del experimento, William Giannobile, profesor de odontología en la universidad. “Esto es muy importante porque podría tratarse de la próxima forma de mejorar las terapias médicas que en estas fechas van más allá de salvar vidas. Ahora hablamos de mejorar la calidad de la vida”, expresó el investigador quien es también director del Centro para la Investigación de la Salud Oral en Michigan.

Positivamente, los ensayos clínicos fueron elaborados en conjunto con una compañía genética radicada en Seattle y conocida como “Targeted Genetics” quien publicó la semana pasada muy buenas noticias sobre la artritis reumatoide, otra enfermedad crónica.

La compañía estudió a 127 voluntarios que fueron tratados con la misma terapia genética que utilizó Giannobile para las encías, los participantes no sólo sintieron una reducción en el dolor sino que ganaron en términos funcionales.

“Pensamos que la terapia genética para condiciones crónicas que no ponen en peligro la vida nos llevarán más allá de la medicina clásica, a movernos en la salud individual y preventiva y mejorar así, la calidad de vida.

Una molécula esponja
La periodontitis se caracteriza por la producción exagerada de factores necróticos que desencadenan el problema y termina aflojando los dientes de las encías. Para luchar contra el problema, Giannobile y su equipo buscaron la forma de ayudar a ciertas células para que produzcan una molécula soluble en el receptor TNF, precisamente el factor que producen poco las personas con la enfermedad en las encías. La molécula que fue introducida mediante la terapia genética, actúa como una especie de esponja que absorbe el exceso necrótico que produce la enfermedad. “Es un gen espectacular porque, además de arreglar el problema, una vez se encuentra en las células apropiadas, sigue produciendo células saludables de forma indefinida. Más aún, no afecta el tejido saludable en las encías y hasta lo protege”, concluyó el investigador.