sábado, 14 de febrero de 2009

Defensa de la razón

Cuando este blog apenas echaba a andar, un comentarista, confeso ateo, reconocía que a la hora de elegir, es preferible el catolicismo al islamismo, porque el primero es más «razonable». La opinión era sorpresiva, incluso para el que esto escribe, pero no está lejana a la verdad. Fuera del evidente basamento metafísico y mitológico del catolicismo, éste ha sido, frente a a otras religiones, un oasis de razón. Precisamente ésa es la opinión de uno de los pensadores ateos más importantes de habla hispana, como es Gustavo Bueno. El filósofo, quien argumenta que ni siquiera la idea de Dios existe (y esa pseudoidea es con la que trabaja la teología católica, por ejemplo), es uno de los autores principales del libro Dios salve la razón, una recopilación de artículos que comentan la famosa y polémica lección magistral de Joseph Ratzinger en su papel de papa Benedicto XVI, en Ratisbona.
A continuación, un texto del diario La Nueva España:


Gustavo Bueno: «Benedicto XVI es de lo poco aprovechable que anda por ahí»


El filósofo participa, con otros autores, en el libro «Dios salve la razón»


Madrid (Modem Press).- «Extiendes la vista por el mundo y ves que el papa Benedicto XVI es de lo poco aprovechable que anda por ahí». Cada intervención pública del filósofo Gustavo Bueno deja un puñado de sentencias como la reseñada, que en este caso sorprende quizás un poco más de lo habitual por el declarado ateísmo militante del catedrático de la Universidad de Oviedo. Gustavo Bueno hacía pública así su admiración por el pontífice en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid durante la presentación en sociedad del libro Dios salve la razón (Ediciones Encuentro).
En esta obra, diversos intelectuales de primera línea, provenientes de diferentes países, tradiciones religiosas y posiciones culturales, se dan cita para recoger el desafío planteado por Benedicto XVI en su célebre lección magistral en la Universidad de Ratisbona en septiembre de 2006: Ampliar la razón. Así, Gustavo Bueno, Wael Farouq, André Gluksmann, Jon Juaristi, Sari Nusseibeh, Javier Prades, Robert Spaemann y Joseph Weiler coinciden, desde diferentes perspectivas, en proponer un nuevo humanismo que integre de manera renovadora la relación entre fe y razón. Recogen así el guante lanzado por Joseph Ratzinger quien afirmó aquel 12 de septiembre en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona: «En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a esta amplitud de la razón».

Diferencias religiosas
Sin embargo, Gustavo Bueno no ve nada claro ese diálogo porque «entre las tres grandes religiones monoteístas (cristianismo, judaísmo e islamismo) no puede haber diálogo sin bronca». Así, el propio Bueno y el profesor vasco Jon Juaristi, que hace ya más de 25 años que se convirtió al judaísmo, coincidieron en que la razón sí está presente en el caminar religioso de judíos y cristianos, pero «en el islam hay una separación absoluta de las dos esferas: fe y razón».
Gustavo Bueno, cuyo comentario sobre la lección magistral de Benedicto XVI es el más extenso del libro y el que da título a la obra completa, fue quien más tiempo ocupó en su exposición, de las dos horas que duró la charla-coloquio de presentación de la obra. Comenzó su disertación con la teoría que desarrolla en el libro: «La mayor racionalidad del cristianismo está en los dogmas revelados: la reencarnación y la Santísima Trinidad».
A partir de ahí, tras dejar claro que «soy ateo y creo que Dios no existe», afirmó que para él la importancia del cristianismo «no es tanto Dios sino la Iglesia Católica» y que el «racionalismo del cristianismo proviene de la Iglesia Católica porque Dios no es racional». Hasta el punto de que «la Iglesia ha sido la salvación de la razón».
Bueno asegura que la importancia de la teología dogmática católica proveniente de la tradición escolástica, radica en que «utiliza la filosofía para demostrar que la teología dice lo mismo que la razón, para mostrar que es inteligible». Aquí engarzó la importancia del discurso del Papa en Ratisbona, cuya «lección de teología escolástica es admirable».
Juaristi explicó cómo durante su juventud tuvo «dificultades para encajar fe y razón» porque, a su entender, «el diálogo entre la fe y la razón científica lleva a callejones sin salida». Sin embargo, esta lucha, a su juicio, no se da en el judaísmo «que vive en torno a la ley y no a la fe». Explicaba el escritor vasco que en la religión judía «no hay teología, que es el intento de aplicar la razón a la fe, sino que hay una hermenéutica, una tradición rabínica porque es una religión en la que el centro no es Dios sino la Torah y ésta es una ley razonable».
Tras todas estas sesudas reflexiones y para finalizar, Gustavo Bueno, aprovechando la pregunta de uno de los asistentes a la presentación, dejó para el recuerdo otra de sus célebres sentencias: «La verdad del cristianismo no está en Dios, que no existe, está en la Iglesia».

«Ya no se puede ocultar más la crítica religiosa»

El antropólogo, docente y ex rector de la Universidad Nacional de Cuyo Luis Triviño se sorprende cuando este periodista lo increpa: «Estoy muy enojado con su libro, Triviño». Quizá supone que quien le habla es un creyente religioso herido por la insolencia de su publicación. «Dígame por qué», pide entonces, poniendo el pecho. «Porque quería ser el primero en publicar en Mendoza un libro sobre ateísmo», responde quien esto firma.
La broma le cae bien al siempre afable y respetuoso Triviño, porque sirve de prueba de algo que comienza a generalizarse: la aparición, en especial en Inglaterra y los Estados Unidos, de libros que critican a la religión y que han obtenido una enorme resonancia. Su propio aporte, titulado El ateísmo (editorial Diógenes) será presentado mañana [lunes 1 de diciembre de 2008] a las 20.30, en la Caja de Salud. «Ya no se puede ocultar más la crítica religiosa. Se ha generalizado la conciencia de que no hay explicación posible para lo que aseveran las religiones», anota el pensador.
–Cuénteme sobre su libro El ateísmo, y sobre el subtítulo: «a partir de la sagradas escrituras de las religiones reveladas», que parece acotar estrictamente el enfoque.
–El subtítulo ubica más bien la fuente de la reflexión. Es un libro pequeño, de unas 100 páginas. El primer capítulo es una suerte de breve autobiografía ideológica. Parto de que fui criado en la religión católica, y cómo a través de los años y los estudios adopté esta postura atea. Después comienzo con las críticas a las distintas religiones. Tomo al judaísmo y los textos de la conquista de la Tierra Prometida, donde se pone de manifiesto un Dios terriblemente sanguinario, que manda a matar, a asesinar. Luego al cristianismo: hablo por ejemplo del Dios trinitario, que es terriblemente sanguinario, porque el Padre de la Trinidad admite que su hijo sufra y muera para alabar la majestad de Dios. Y eso que dejo de lado las cruzadas y la Inquisición. Después analizo el tercer paso del monoteísmo, que es el del Corán. Allí analizo duramente, siempre documentado, cómo es un Dios cruel, cómo es el infierno que pinta y promete al pecador. Luego hay un estudio del Popol Vuh, porque nuestros precolombinos tampoco se quedaron atrás en plantear un dios sanguinario y cruel. Sigo con las contradicciones estrafalarias del Hare Krishna y termino con una crítica del mormonismo.
–¿Esto no significa oponer a la existencia de un dios la existencia del mal, como se ha hecho de manera clásica?
–Claro. El tema común a las religiones es encontrar fuera de la realidad concreta, en una entidad espiritual (que se ha inventado), la explicación del mal.
–El libro tiene una dedicatoria muy especial que, seguro, sorprenderá a muchos.
–Se lo dedico a Jorge Contreras (cura párroco mendocino), por una razón sencilla: la amistad. Con él trabajamos juntos en el desierto y la cárcel, más allá de toda diferencia ideológica. Le comenté a él hace dos meses sobre este libro. Y me dijo: «me parece que puede ser un trabajo para la reflexión y el diálogo». Por eso decidí dedicarle este libro antirreligioso y ateo. Estaba en prensa cuando él murió. Pero además a Baruch Spinoza. Él adoptó posturas críticas respecto del pensamiento judío de la época y lo excomulgaron. En El ateísmo cito parte del texto de excomunión.
–¿Cómo se coteja la inexistencia de Dios?
–En el capítulo final, planteo la alternativa «teísmo laico vs. ateísmo». Hago crítica muy rápida a los intentos del «teísmo laico» y planteo el por qué del ateísmo, pensando qué tipo de Dios podríamos concebir racionalmente: el dios deísta no nos sirve de nada, y otro que crea las cosas pero sigue su providencia, y allí aparecen las barbaridades, las catástrofes, muertes, y el concepto biológico esencial al tema del comercio entre las especies, inherente a la vida. Si un Dios creó la vida la creó con esa inherencia. Un Dios que concibe una realidad y es providente, es racional y éticamente inconcebible. Para mí el ateísmo está demostrado. Por los instrumentos racionales, éticos y empíricos, lo único que nos queda por pensar es que no existe Dios. El universo, la materia, la energía, son inherentes a sí mismos. Han tenido su evolución, pero sin ningún elemento extramaterial. Es inconcebible.
–Los libros sobre ateísmo y las críticas a las religiones mayoritarias están viviendo un especial auge, sobre todo desde autores de lengua inglesa. ¿A qué cree se deba esto?
–No lo sé muy bien. En cuanto a mí, no pretendía hacer una «antropología del ateísmo». Que hay predominio inglés está claro, y con mencionar sólo a Bertrand Russell eso está claro. Pero la crítica a las religiones comenzó hace siglos. Por ejemplo, cuando Copérnico propone el heliocentrismo echa por tierra al geocentrismo de Ptolomeo. Eso hablaba de que una afirmación de la Biblia era falsa, nada menos. Las creencias religiosas, en especial de la tradición judeo cristiana, se empeñaron a dar explicaciones disparatadas para tratar de compatibilizar ese «error cometido por Dios». Pero el golpe de gracia fue la teoría de la evolución. Por algo el papa Juan Pablo II tuvo que reconocer que el cuerpo humano proviene por evolución de animales, pero en algún momento Dios «puso un alma». Sin embargo, eso es como querer unir el agua con el aceite. Ése para mí fue el gran reconocimiento de que la explicación científica era superior a la explicación religiosa. Por eso últimamente han surgido todos estos temas: ya no se puede ocultar más la crítica religiosa. No se trata de un Voltaire suelto, ni un Spinoza. Actualmente es una conciencia generalizada de que no hay explicación religiosa posible.
–¿Cómo definiría su propio ateísmo y cuándo empezó a reconocerse como ateo?
–Lo señalo en las primeras páginas. Aunque fue un proceso que me resulta muy difícil de narrar. La cosa empezó como una actitud de escepticismo, que es la posición más «livianita». Después vino endurecida por un agnosticismo. Hasta que llegué después de fuertes análisis a la decisión de que no hay nada fuera de la realidad material. Ahí vino entonces el ateísmo. En mi caso fue un proceso paulatino.
–¿A qué se «enfrenta» especialmente un ateo argentino?
–A las estructuras eclesiásticas, sin dudas. Recuerdo cuando apareció La puta de Babilonia [de Fernando Vallejo], una revista muy leída hizo un comentario muy breve que finalizaba diciendo: «creyentes, abstenerse». Me parece que el subsconciente le decía que los creyentes iban a reaccionar de manera negativa. No hace mucho, Dawkins dijo que a medida que la ciencia avanza, queda menos espacio para el concepto de Dios. Un obispo de Mendoza, Sergio Buenanueva (obispo auxiliar), dijo que el pensamiento científico permite o no a Dios sólo desde el punto de vista que se adopte. Para mí eso no era correcto: los hechos hablan de que no hay Dios.
–Aquí sin embargo debo romper una lanza a favor de Buenanueva, porque a pesar de todo hay varios científicos de gran calibre y que también son religiosos...
–Sí, claro. Que cada científico adopte la posición que se le ocurra, pero cuando se van poniendo de manifiesto los hechos, allí la posición de cada uno dependerá de las opiniones. Si alguien quiere decir que los datos de la ciencia son los que hablan de Dios, que lo pruebe.
–La presidenta del país, Cristina Fernández, se reunió hace poco con el cardenal Jorge Bergoglio, ¿qué piensa que puede significar esa reunión?
–La Iglesia, nos guste o no, es uno de los últimos productos derivados de la colonización. Es una estructura que tiene su influencia, sus colegios, sus privilegios... El Código Civil le atribuye todavía a los bienes de la Iglesia el carácter de bien público. Hay un montón de lacras que le dan presencia a la Iglesia como estructura y el presidente de la república tiene que tratar con eso. Hay un fragmento en el Código Civil que habla de la «profesión libre de un culto», pero no habla de la posibilidad de que «no haya» culto. Que el Estado sostenga la religión católica es una injusticia. Los juristas ponen como excusa que como el Estado se quedó con muchos bienes de la Iglesia en el proceso de la Independencia, para resarcirse tuvo que llegarse a esta situación. Pero hoy el asunto no tiene gollete. Es algo que a la Iglesia económicamente lo beneficia poco, y para la juricidad argentina es un escándalo.

¿El regreso de las religiones?

El resurgimiento del fundamentalismo islámico en el Medio Oriente y en países asiáticos con teocracias capaces de movilizar a amplios sectores populares, actualizó el tema del fin del «desencantamiento del mundo» y del regreso de las religiones.
Sin embargo, en occidente estos sucesos adquieren un carácter contradictorio, si bien se observa desde finales del siglo pasado y comienzos del actual una revalorización de la religión tan devaluada en tiempos anteriores, a la vez, se notan signos opuestos de debilitamiento. En el catolicismo, las vocaciones sacerdotales son cada día más escasas, disminuyen la asistencia a misa y los matrimonios por Iglesia, y casi ha desaparecido la confesión. Los dogmas contra la disolución del matrimonio, la anticoncepción, el aborto, la libertad sexual no son acatados ni siquiera por los mismos creyentes; nunca la religión incidió menos en la vida cotidiana del hombre común.
Las exequias del Papa Wojtyla fueron un suceso mediático multitudinario pero no menos al fin que las de Lady D. Como decía César Magris la Iglesia puede colmar las plazas pero no llenar los templos. Los medios de comunicación masiva han transformado la religión en un espectáculo, a su vez algunos grupos políticos la usan a favor de sus propios intereses y ciertos intelectuales versátiles que, hasta hace poco la desdeñaban, ahora la alaban,
Uno de los últimos debates que agitaron los círculos de la intelectualidad europea fue el sostenido entre Jürgen Habermas y el filósofo italiano Paolo Flores d’Arcais. Esta polémica fue precedida por otra más curiosa entre Flores d’Arcais y el entonces todavía cardenal y prefecto de la Inquisición, Joseph Ratzinger moderados por un judio (¿Dios existe? Diálogo sobre la fe, el saber y el ateismo). A este debate debe agregarse la obra teórica y la militancia del teólogo y filósofo católico Hans Kung que, desde hace años, viene bregando por una profunda reforma modernizadora de la Iglesia.
No siempre el debate religioso se da en ese nivel, algunos académicos caen en posiciones tan artificiosas como la de Gianni Vattimo al intentar la amalgama de Nietzsche y el cristianismo, otros más frívolos adecuan el espiritualismo oriental al gusto californiano.
Es curioso asimismo que un pensador como Carl Schmitt que reivindicaba las más retrógradas tradiciones del catolicismo contrareformista –Donoso Cortés– es hoy rescatado igualmente por el conservadurismo y por el progresismo neopopulista.
Más significativo aún es la influencia del fundamentalismo evangélico en la derecha del partido republicano estadounidense. Es sabido que buena parte de los electores de George W. Busch lo fueron por sus posiciones religiosas opuestas al aborto y a la homosexualidad. Esta incidencia de la fe en la política no forma, sin embargo, parte de la tradición estadounidense. A diferencia de los países hispanoamericanos de origen católico, la religión se mantuvo separada del Estado desde el orígen mismo de su constitución como nación tal como lo muestra la Declaración de derechos de 1776, donde por primera vez en la historia se garantizaba «el respeto recíproco de la libertad religiosa de los demás». Los protestantes evolucionaron antes que los católicos porque en la Reforma, con la libertad de interpretación de La Biblia, estaba el gérmen mismo de la secularización.
En la actualidad, en el corazón de occidente han surgido no sólo movimientos religiosos, sino también filosóficos y hasta estéticos contrarios a la racionalidad, la modernidad, el progreso científico y la democracia que constituyeron su paradigma desde la Ilustración. Samuel Huntington se equivocaba cuando hablaba de «choque de civilizaciones» porque el conflicto no se da tan sólo entre occidente y oriente, sino en el mismo occidente.
Habermas, en el debate al que nos referimos habla del surgimiento de un «pensamiento posmetafísico» como fundamento de una «sociedad posecular» que no implica un retorno a una sociedad presecular y premoderna sino la neutralidad y abstención del Estado democrático con respecto a las visiones del mundo, filosóficas o religiosas. Esta posición fue la defendida, contra la presión de las religiones, en la redacción de la Constitución de la Unión Europea que decidió abstenerse de mencionar a Dios, pues eso hubiera sido excluir a agnósticos y ateos.
El regreso de las religiones en el mundo occidental se diferencia todavía del fundamentalismo musulmán. Salvo las extravagancias academicistas y las minorías de integristas católicos, fundamentalistas evangélicos o de ortodoxos judíos, las religiones antiguas han aceptado vivir en sociedades seculares. Las últimas expresiones de «naciones católicas» terminaron con el fin de las dictaduras española y portuguesa en Europa y las dictaduras militares en América latina. Tardíamente, la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano II en 1965, aceptó la democracia y el liberalismo, satanizados hasta entonces. Luego de siglos de luchar vanamente contra el avance de la modernidad, el Vaticano –aunque todavía tiene pendiente la firma de la declaración de ls derechos humanos del Consejo de Europa– ha tenido la inteligencia de adecuar sus doctrinas de origen premoderno a los descubrimientos de las ciencias, a convivir con otras religiones y con los no creyentes y respetar la secularización del Estado de derecho y la Sociedad civil para poder sobrevivir en el mundo moderno. El hecho de que Ratzinger, que luego fuera un Papa tan conservador como Benedicto XVI aceptara un debate público con un filósofo ateo, con la moderación de un judío, muestra que la Iglesia se ha resignado, aunque a disgusto, a vivir en una sociedad secularizada. No nos imaginamos, en cambio, un diálogo similar entre un ayhatolah y Salman Rushdie discutiendo sobre la existencia de Alá; la conversación se redujo allí a una orden de asesinato. El Islam, salvo algunos pocos países y aun en estos no en su totalidad, está lejos de esa transformación secularizadora y modernizadora que con vacilaciones, emprendieron las otras dos religiones antiguas, monoteístas y de igual origen abrahámico.
Sólo un Estado democrático es capaz de reconocer el conflicto inconciliable entre creyentes y no creyentes y entre creyentes de distintas religiones y, a la vez, impedir que ese conflicto devenga guerra ideológica. La modernización y la democracia dejarán de ser para los orientales, una intromisión imperialista de occidente, sólo cuando se decidan emprender por sí mismos, el proceso de secularización, y transformen la teocracia en un estado laico.
Esas transformaciones no serán fáciles de lograr cuando algunos sectores de la intelectualidad occidental, los posmodernos, pretenden relativizar la tradición universalista de los valores democráticos reduciéndolos a mera particularidad occidental y justifiquen, sin quererlo, en nombre del multiculturalismo, desigualdades y opresiones que no aceptarían en su propio país, por el mero hecho de constituir parte del ritual religioso y la identidad cultural de otros pueblos.

Actos vandálicos contra los buses ateos

MADRID, 27 Ene. (EUROPA PRESS) - La Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (AMAL) afirmó hoy que algunos autobuses con mensajes ateos que circulan por Barcelona han sido atacados, unos «actos vandálicos» que atribuyó a las recientes críticas de la Conferencia Episcopal contra esta campaña publicitaria.
El presidente de AMAL, Luis Vega, señaló que «no es casual» que los «actos vandálicos» registrados en Barcelona, las «persecuciones» a algunas familias que piden la retirada de crucifijos de los colegios públicos en Valladolid o las últimas manifestaciones «neocon» coincidan con las últimas críticas de los obispos españoles contra las campañas ateas en autobuses municipales.
«No nos importa ni nos preocupa que nos llamen blasfemos. Pero no creo en las casualidades y me parece que el comunicado de los obispos del viernes pasado, con las concentración neocon y con actos vandálicos en Barcelona no es pura casualidad. Nos gustaría que no fuera así porque no es nuestro objetivo. En cambio, ningún autobús católico, musulmán o budista va a ser perseguido por los ateos», agregó.
El presidente de los ateos madrileños también criticó el Concordato español con el Vaticano y llamó a romper con los «privilegios» con los que cuenta la Iglesia católica. «En España ha habido alguna asignatura pendiente por una transición no resuelta del todo. Algunos de los elementos como la Monarquía, el Ejército y la Iglesia fueron brindados», indicó.
Por otro lado, Vega aseguró que, en cambio, «sí es casual» que una de las líneas de autobuses con publicidad atea, concretamente la 3, pase por la catedral de la Almudena de Madrid. «He nacido muy cerca de aquí, en la Plaza de Santo Domingo, y me encanta. Además, si buscas en Madrid líneas de comunicación que sean céntricas es imposible evitar esta situación. Nuestro objetivo es un medio público porque está ligado a los ciudadanos y su beneficio redunda para los ciudadanos y más en zonas céntricas. El que pase por la Almudena o la Capitanía general no nos viene mal pero no era nuestro objetivo. Ningún ateo va a pasarse a ser católico o al revés por ver los mensajes», apostilló.
Respecto al «contraataque» de asociaciones cristianas con lemas a favor de la existencia de Dios en autobuses municipales, Vega mostró su conformidad, pero indicó que «todas las iglesias y las sectas llevan 2.000 años haciendo campaña».
Vega señaló que el objetivo de la campaña que arranca hoy es «hacer visible» al colectivo ateo y crear debate, al tiempo que manifestó que gracias a ella ha descubierto a personas ateas de más de 65 años que «han sufrido mucho en este país y a las que se va a hacer un homenaje».

30 mil euros recaudados
El presidente de AMAL indicó que se han gastado 3.800 euros en las dos líneas autobuses de las líneas 3 y 5, y ha recaudado 30.000 euros. «En Barcelona nos hemos gastado más de 2.000 euros y en Málaga ya están saliendo autobuses. El lunes que viene lo harán los de La Coruña y en breve esperamos llegar a otros puntos de España», dijo, al tiempo que precisó que todo el dinero recaudado se va a utilizar en esta campaña.
«Seguramente se pueden gastar mejor los 30.000 euros. Algunos lo dedican al tráfico de drogas o a las armas, pero nosotros lo hacemos para crear en el país un debate entre creyentes en los derechos humanos y la libertad del individuo. Creemos que eso es un dinero muy bien gastado, aportado de manera voluntaria. Estamos vigilando mucho que hay una aportación discutible», prosiguió.
Vega no descartó ampliar la campaña en Madrid y Barcelona, y avanzó que en marzo anunciarán una nueva iniciativa, que no quiso desvelar. Además, destacó que en Valencia están teniendo algún problema para implantar la campaña y que siempre hay alguna barrera entre la empresa de Publicidad y el cliente.
«En Madrid, que no hemos tenido problemas con Publisistemas –la empresa encargada de gestionar la publicidad de los autobuses de la capital–, pero el trámite ha sido lento. Además, hay un ideario de la publicidad donde existe un punto subjetivo, que dice que se permitirá una publicidad que no dañe a los usuarios, lo que puede hacer que una fotografía desnuda sea censurada», dijo el presidente de los ateos en referencia al anuncio sobre una reciente película que fue retirado de las marquesinas.

Entre el «probablemente» y la felicidad
El presidente de los ateos madrileños quiso aclarar el significado del lema de la campaña: «Probablemente Dios no exista. Deja de preocuparte y disfruta de la vida» ante las críticas sufridas por parte de algunos sectores. Así, señaló que el adverbio «probablemente» implica que la campaña no es «dogmática» y está basada en la lógica.
«Si me preguntaran que hay un tigre de bengala que vuela diría que no existe, pero no descarto que por evolución algún día lo haya. Lo reconoceríamos y no nos causará un trauma, ya que nosotros no nos basamos en ninguna escritura o en elementos que impiden el progreso de la gente», dijo.
Sobre la segunda parte del lema, Vega señaló que la felicidad no depende de algo subjetivo «ni de cielos ni de infiernos». «Por decirlo de otro modo, significa que lo que sí existe es tu vecino. Comunícate con él, organízate y consigamos un mundo mejor. No tenemos un varita mágica para hablar de la felicidad porque no hay masoquistas que son felices siéndolo», añadió.

Además, como saben, en España pasa esto.

Gustavo Bueno y los crucifijos

«Así como la mariposa Caligo extiende sus alas cuando se le acerca su ave predadora para no ser devorada por ella, así también nosotros debemos extender los brazos en cruz para no ser devorados por los sacerdotes.» Gustavo Bueno, Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión.

El pasado día 17 de febrero de 2008 recibí un e-mail del servicio de alertas de Google con un enlace a la pagina de Internet de la cadena de radio COPE, que hacia referencia a una declaraciones de Gustavo Bueno a Popular TV, en la cabecera decía: «Como ateo me parece absurdo que se retiren los crucifijos». La noticia iba acompañada del enlace a la entrevista donde se habían hecho tales declaraciones, el entrevistador ponía cara de estar deseando en aquel momento estar retransmitiendo en directo el paso de un huracán en EEUU a 500 metros de sus narices antes que entrevistar a aquel personaje que parecía tener más fuerza que ese huracán. Las declaraciones a que me refiero decían cosas como esta: «El crucifijo –afirma uno de los más reputados pensadores españoles– es un símbolo histórico, teológico y artístico que forma parte de nuestra cultura. Quitar el crucifijo es quitarse el vestido. Los que lo defienden son unos indoctos. El que haya leído no a Santo Tomás sino a Hegel, sabe que el crucifijo no se puede quitar.»

Vaya por delante que me considero un indocto, no solo por no leer a Hegel o Santo Tomás, sino porque pienso que comparados con Bueno la mayoría de los mortales de este planeta son unos indoctos.

Estas declaraciones han venido acompañadas de dos textos relacionados con el tema, por una parte la colaboración de Bueno: «¡Dios salve la razón!», al libro Dios salve la razón, Encuentro Ediciones (agradezco muy especialmente a Juan Carlos Paredes Zubeldía por informarme de la existencia del mismo y recomiendo la visita a su blog http://paredesz.blogspot.com/). Y el texto de Javier Pérez Jara, «Europa y cristianismo: análisis del surgimiento del fenómeno cultural cristiano y su desarrollo histórico», publicado en El Basilisco, nº 39 (se agradece el reconocimiento a la importancia de las aportaciones de Gonzalo Puente Ojea al estudio del cristianismo).

El punto clave de la cuestión (bajo mi indocto punto de vista) se puede resumir en esta frase que aparece en la pág. 377 del libro de Bueno, La fe del ateo:


«Dada la situación efectiva de la Humanidad, transcurrido el segundo milenio del cristianismo, puede decirse que los pueblos no están preparados para organizarse socialmente bajo los auspicios de un racionalismo filosófico y ateo; por consiguiente se hace preciso evaluar el grado de racionalismo actuante en las distintas confesiones religiosas realmente existentes.»


El Estado laico es rechazado en la pág. 372:


«Ahora bien, desde una metodología materialista, el Estado carece de sentido al margen de su materia, representada entre otras cosas por la sociedad civil. Según esto, la definición laica del Estado no puede tomarse como una definición real, sino puramente nominal e ideológica, porque si la sociedad civil es religiosa, y vinculada a una religión que exige publicidad y propaganda fide, entonces el Estado laico sólo podrá ser reconocido, por el materialismo, como una superestructura jurídica, una ficción creada por el formalismo que supone la realidad de una sociedad política laica, aun cuando de hecho se manifiesta continuamente su condición religiosa en mil formas (templos, procesiones públicas, ritos de paso, establecimientos de enseñanza).»


Javier Pérez Jara profundiza un poco más y dice en la pág. 65 de su artículo:


«El materialismo filosófico, por tanto, no podrá estar de acuerdo con el laicismo en “sentido débil” (parejo a la ideología de la “neutralidad estatal”, las religiones como meros fenómenos privados o al agnosticismo positivo “que ni afirma ni niega”), sino más bien con el Estado laico “en sentido fuerte”, es decir, con el Estado ateo, o al menos racionalista, que no sólo no prescinde del estudio de las religiones, sino que a través de la instauración del estudio sistemático histórico, antropológico y filosófico de las religiones, es decir a través de la instauración en los planes de estudio de una Filosofía de la Religión de sesgo materialista nutrida de los contenidos positivos de la Antropología Cultural, la Historia, la Sociología, &c., puede ofrecer una visión crítica y sistemática de la génesis y evolución de las religiones, así como una trituración de sus elementos más irracionales, mitológicos o arcaicos.»


En la pág. 64 expresa una idea también repetida a veces:


«…ante las religiones o se está a favor o se está en contra…»


Cabría preguntar entonces ¿el materialismo filosófico, esta a favor o esta en contra de las religiones? Es decir, en este supuesto Estado ateo, ¿qué se haría con los curas y los templos?, ¿se metería los curas en la cárcel y se destruirían los templos?, ¿se transformarían los templos en delegaciones de la Fundación Gustavo Bueno donde poder impartir la asignatura de Filosofía de la Religión de sesgo materialista y se obligaría a los curas a asistir a esas clases? o ¿se daría un ministerio a Rouco Varela en premio por el esplendor pasado de la filosofía escolástica?

Uno de los motivos que parecen mover a Gustavo Bueno a estas posiciones es el temor al fanatismo islámico, pero bajo mi punto de vista, lo que tiene que hacer para luchar más eficazmente contra ese miedo no es pedir que se mantengan los crucifijos de las escuelas, lo que tiene que pedir es que aumente el presupuesto del Ministerio de Defensa, de la Policía Nacional, de la Guardia Civil y del CNI, ¿o es que piensa que si nos intentan invadir los musulmanes, los curas se organizaran en batallones y con el crucifijo en la mano saldrán a la defensa de nuestra querida patria?

En la cita de la pág. 377 se hace un salto muy curioso, se dice que si los pueblos no están preparados para organizarse socialmente bajo los auspicios de un racionalismo filosófico y ateo, hay que evaluar el grado de racionalismo actuante en las distintas confesiones religiosas realmente existentes. Dado que en España no hay gobierno ateo y la religión elegida mayoritariamente es el catolicismo, ¿quiere esto decir que España se organiza socialmente bajo principios católicos?

Yo creía que nos organizábamos bajo los principios de la constitución de 1978 y no bajo el catecismo. En la nota de la pág. 372, dice «…si la sociedad civil es religiosa…». Yo me pregunto, ¿es la sociedad civil de la España actual religiosa? Veamos el barómetro del CIS de noviembre de 2008.


«Pregunta 42. ¿Cómo se define usted en materia religiosa: católico, creyente de otra religión, no creyente o ateo? Católico 73,7%, creyente de otra religión 1,9%, no creyente 15,9%, ateo 7%, N.C. 1,4%.
Pregunta 42-A. ¿Con que frecuencia asiste usted a misa u otros oficios religiosos, sin contar las ocasiones relacionadas con ceremonias de tipo social, por ejemplo, bodas, comuniones o funerales? Casi nunca 54,8%, varias veces al año 15,6%, alguna vez al mes 11,8%, casi todos los domingos y festivos 14,4%, varias veces a la semana 2,4%, N.C. 1%.»


Si hacemos números y partimos de una población de España de 46 millones de habitantes en números redondos tenemos, la suma de creyentes sería 34.776.000, pero si quitamos a los que no van casi nunca o alguna vez al año a los oficios religiosos y a los que no contestan nos quedan 9.945.936 que es cifra similar a la suma de no creyentes y ateos que son 10.534.000. Por lo tanto, se podría decir que una parte de la sociedad civil es religiosa, pero no toda la sociedad civil.

El propio Gustavo Bueno reconoce en su artículo «La influencia de la religión en la España democrática», editado en 1994 en el libro La influencia de la religión en la sociedad española, pág. 71:


«Los confesionarios, los seminarios y los templos han quedado prácticamente vacíos (aún cuando en algunas ciudades, el 15% de la población que sigue yendo a misa los domingos sea suficiente –teniendo en cuenta el incremento demográfico– para mantener la apariencia de la iglesia llena en misa de doce).»


Hay dos datos muy significativos que están más allá de las encuestas, primero, la Iglesia católica ha sido incapaz de autofinanciarse con las aportaciones de sus fieles y segunda, en España se han elegido desde la muerte de Franco dos presidentes agnósticos. Cosas incompatibles con una supuesta sociedad civil verdaderamente religiosa.

Dice en La fe del ateo pág. 155: «Un gobierno realista podrá ser confesional, o antirreligioso, pero no neutral o laico.»

No puedo imaginar un disparate antieutáxico más grande, se imagina alguien que ganando el PP las próximas elecciones, las primeras medidas que tomara fueran: prohibir el divorcio, el aborto, los métodos anticonceptivos, hacer obligatoria la enseñanza de la religión, &c. O que el PSOE al renovar el poder, cerrase las iglesias, prohibiera las procesiones, &c.

El propio Bueno reconoce en el artículo antes citado de «La influencia de la religión en la España democrática», pág. 52:


«Fue la misma imprudente política anticlerical de los gobiernos republicanos, muy poco maquiavélicos, uno de los principales desencadenantes de la reacción integrista promovida, sobre todo, por un clero acosado durante los años 30.»


Lo eutáxico en la situación actual es el Estado neutral, llámele laico o aconfesional. Porque la guerra no va con la parte religiosa de la sociedad civil (dice Bueno en «La influencia de la religión en la España democrática», pág. 76: «Sin embargo, los católicos que han aceptado las reglas democráticas –prácticamente, la totalidad– aceptan también gustosos la concepción de la religión como cultura…»), sino con la organización eclesial, ávida de no perder más poder, pues esto y no otra cosa significa para ellos quitar el crucifijo de los lugares públicos.

Dice Pérez Jara en la página 64 de su artículo:


«…el llamado laicismo, cuando es entendido al modo light ( por ejemplo por la gran mayoría de nuestros políticos e ideólogos actuales) como un “mantenerse al margen” de las religiones, o ser “neutro” ante ellas, reservando las creencias religiosas, si las hay, para el ámbito de lo “privado”, pero excluyéndolas del ámbito de lo “público”, es una posición contradictoria, porque ante las religiones (que son esencialmente, desde un punto de vista antropológico, públicas, como vemos en el cristianismo y el Islam, ambos asociados al proselitismo, y por tanto a la “propaganda pública” de sus dogmáticas y sacramentos)…»,


y esto lo dice poco después de hablar en la pág. 60 de la pérdida de poder de la Iglesia católica.

Un Estado (laico, neutro o aconfesional) que consiguiera reducir al ámbito de lo privado el hecho religioso, ni seria neutro ni se mantendría al margen de las religiones, por que eliminar los crucifijos de los sitios públicos estatales, regular las procesiones, impedir que suenen las campanas de los templos para llamar a los fieles a la misa, no seria neutralidad, seria seguir quitando poder a la Iglesia católica, o ajustando ese poder hacia los que voluntariamente quieren aceptarlo, o sea sus fieles, no a toda la población.

Esa es la lucha que parecen no ver desde el Materialismo Filosófico. Dice Bueno en El sentido de la vida, pág. 291:


«La Iglesia católica ha tolerado el islamismo, o ha tolerado el darwinismo, o ha tolerado el socialismo precisamente cuando estos movimiento se han impuesto en virtud de su propia fuerza.»


Y dice también Bueno en Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión, pág. 37:


«Esta sería la dialéctica de la historia actual de la Iglesia Romana: que tanto los que en su seno piden la integral conservación, como los que piden la renovación, tienen motivos de prudencia equivalentes y bien fundados. Solo que los motivos de los integristas (para decirlo al modo escolástico) se fundan en la esencia de la Iglesia, mientras que los motivos de los renovadores se fundan en su propia existencia. Aquellos dirán que mantener en la existencia una institución “desvirtuada”, que va perdiendo sus esencias más puras, es una traición; y éstos, que pretender mantener unas esencias que comportan necesariamente la progresiva extinción, la inexistencia más o menos próxima, es tanto como mantener una utopía, una esencia que no existe en ninguna parte.»


Estoy seguro que a la Iglesia aun le queda mucha capacidad de adaptación y por mantener su existencia pueden dejar de ser tan publicas y tan propagandistas como lo son ahora.

Se menciona en la cita de la pág. 372 de La fe del ateo, «de hecho se manifiesta continuamente su condición religiosa en mil formas (templos, procesiones públicas, ritos de paso, establecimientos de enseñanza)».

¿Qué templos?, ¿los templos vacíos que mencionaba antes?

¿Qué procesiones?, ¿las que cita en la pág. 80 de «La influencia de la religión en la España democrática», donde dice: «las romerías de la Virgen del Rocío se alimentan de intereses sociales no religiosos, cerca de los que mueven el creciente interés por la ópera en otras capas sociales: pero es la religión, por no decir el fetichismo, el cauce que lo canaliza»?

¿Qué ritos de paso?, ¿esos que comenta en «La influencia de la religión en la España democrática», donde dice:


«Especialmente importante fue este proceso de impregnación aplicado a los “ritos de paso”, sobre los cuales la Iglesia católica mantenía un control mayoritario, a pesar de que, durante la República, importantes sectores de la población (sobre todo urbana) se había liberado del control eclesiástico.» «Durante el nacional-catolicismo, sencillamente, el ceremonial católico, en estos ritos de paso, se hizo prácticamente obligatorio para todos los españoles.» «No es nada fácil conseguir de la noche a la mañana, incluso suponiendo que se desee, el recambio, de instituciones tan arraigadas como las del bautismo, la primera comunión, la boda por la iglesia y el funeral católico.»


En esa guerra se está en la actualidad y la retirada de los crucifijos es una batalla más. En la que Gustavo Bueno desde el bando ateo (para mi el ateísmo «teórico» de Bueno es el más sutil, interesante y elaborado de cuantos conozco, no así su ateísmo «práctico» tal como intento demostrar en este artículo) parece haber construido una tercera postura. La primera postura correspondería al clero que aboga naturalmente por el mantenimiento y extensión de su «marca de empresa» (Bueno llega a decir en «La influencia de la religión en la España democrática», pág. 65, sobre la Iglesia católica: «ella se ha convertido en una agencia de servicios»).

La segunda postura sería la de los ateos-materialistas-indoctos que hacen el siguiente razonamiento, el crucifijo representa al hijo de Dios que resucitó, si Dios no existe no puede tener hijos y para un sistema materialista la resurrección es imposible, por lo tanto, es un símbolo falso que solo debe estar en los sitios donde se aceptan esas mentiras como verdades.

La tercera postura, la del propio Bueno, que siendo ateo defiende el crucifijo para que no pongan en su lugar la media luna.

No es sólo en esta cuestión de los crucifijos donde Bueno se ha alineado con el catolicismo, dice en su libro Zapatero y el pensamiento Alicia, pág. 305, al respecto de los matrimonios homosexuales:


«incoherencia y sinsentido de un “orgullo democrático” ante situaciones en las que un Pueblo que mayoritariamente asume las normas del matrimonio romano (y luego cristiano) deja pasar, sin embargo, una ley que mina la estructura misma de nuestra sociedad de familias; un Pueblo que, si tuviera un orgullo democrático auténtico, debiera haberse plantado ante un gobierno formado por un atajo de ideólogos indoctos e irresponsables, que deciden, en nombre de un progresismo que les da miles y miles de votos, destruir las bases de una sociedad milenaria y plantear más problemas para el futuro de los que puede resolver en el presente inmediato.»


¿Por qué el matrimonio homosexual «mina la estructura misma de nuestra sociedad de familias» y por ejemplo el celibato y el voto de castidad de los curas no?

Dice Bueno en «La influencia de la religión en la España democrática», pág. 55:


«La confesión auricular tenía como condición el celibato del confesor, puesto que solo a alguien que por su situación se mantenía al margen de la familia…»


Qué hubiera ocurrido si en un momento determinado del curso histórico de una sociedad, todos sus miembros decidiesen hacerse curas y monjas, que esa sociedad se quedaría sin familias, después, la sociedad misma desaparecería.

Como ateo también apuesto por un Estado ateo y racionalista, pero en la España actual eso es una utopía antieutáxica, por lo tanto mi segunda opción no es ninguna «confesión religiosa realmente existente» que me tolere como ateo de alguna forma (como una limosna), si no puede haber un Estado ateo y racionalista prefiero un Estado neutro, aconfesional o laico. Que regule a creyentes y no creyentes, de tal forma que se asegure de forma legal (no como limosna) la recurrencia de los ateos en el tiempo.

Lo eutáxico en la España actual es trabajar por un modelo de Estado que tenga en cuenta a esos diez millones de ciudadanos de cada bando, de tal forma que todos podamos vivir y convivir. De hecho se da una situación próxima a esto, hoy en día en España tanto un católico como un ateo pueden vivir unas vidas dentro de su «modelo de mundo». Un católico puede bautizar a sus hijos, ir a misa diaria, dar a sus hijos una educación católica, vivir sin divorciarse, sin abortar sin usar anticonceptivos, casarse por la iglesia y ser enterrados por un cura. El ateo puede hacer todo lo contrario. El problema viene cuando la jerarquía católica quiere imponer su modelo de vida al resto de personas de la sociedad, una jerarquía que nunca entenderá que la existencia de una ley del divorcio no obliga a nadie a divorciarse.

Esto supone un reajuste de determinadas prerrogativas de la Iglesia católica, lo que desde luego no implica su desaparición. Seria también importante que los dos grandes partidos aceptaran ese modelo neutral. A partir de ese punto la guerra se tiene que dar en otros ámbitos, en la divulgación de las respectivas ideas en los medios de comunicación, periódicos, revistas, Internet, radio, televisión, autobuses, &c. Lo que propiciaría o no un trasvase de un bando a otro.

La lista de los reajustes puede ser muy larga, pero un criterio puede ser este, todo aquello particular que invada el espacio general debería ser regulado, empezando por los crucifijos en los lugares públicos dependientes del Estado. La bandera si es un símbolo de todos, el crucifijo no.

Habría que regular cosas como el tocar las campanas para ir a misa, en este caso para prohibirlo.

La presencia de curas militares en el ejercito, no se como esta el tema actualmente, cuando yo hice la mili en los años 1982-1983, el primer domingo de estar allí, preguntaron quien quería ir a misa, la mayoría no quiso ir, cuando marcharon los que si querían ir, a los que nos quedamos nos pusieron a limpiar toda la mañana las dependencias, no hace falta decir que al domingo siguiente todos fuimos a misa. Este es el típico comportamiento clerical que hay que eliminar.

La enseñanza de la religión en los colegios, es otro tema a regular, no me importa que se de en los colegios públicos siempre que sea voluntario y que las asignaturas alternativas no las decida la jerarquía católica, tampoco me importa que den notas si con esto creen que se tomaran la asignatura mas en serio.

Un Estado laico no tiene porque prescindir del estudio de las religiones. El propio Bueno lo dice en la pág. 76 de «La influencia de la religión en la España democrática»:


«Los poderes públicos agnósticos podrían también propiciar la enseñanza crítica de la religión, en la forma de una Historia de las religiones comparadas.»


Esta podría ser una buena asignatura alternativa a la religión católica y también con nota.

Sobre el tema de la financiación de la Iglesia católica por el Estado (visto que no ha logrado su autofinanciación) me remito a la interesantísima cuestión 10ª de Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión, titulada «El impuesto religioso» (¿De verdad cree Gustavo Bueno que si alguno de los entrevistadores de la emisoras procatólicas –a los que presuponemos muy afines a esa fe– hubiese leído la parte de ese texto donde habla del ortograma «resurrección de la carne», le hubiera entrevistado sin sentir repugnancia?).

Veinte años han transcurrido desde que se editó aquel libro y hoy cabe preguntarse: ¿el Estado todavía no puede considerar ajena a la Iglesia católica?, a pesar del tiempo que lleva la jerarquía mordiendo la mano que le da de comer.

Un ejemplo surrealista de hasta donde la Iglesia percibe su poder lo encontramos en este texto que pudimos leer en el periódico El Mundo del pasado 30 de noviembre de 2008:


«La festividad del domingo es de origen religioso, así como las vacaciones de Semana Santa o Navidad. Igual sucede con una altísima proporción de denominaciones de personas. Repárese que tanto el presidente del Gobierno como el Rey –y millones de españoles– tienen nombres, no de uno, sino nada menos que de cuatro santos: José Luis y Juan Carlos. Llevando al extremo la sentencia del juez de Valladolid pudiera ocurrir que alguien pidiera la abolición de las festividades mencionadas (con el consiguiente trastorno para legítimos intereses sindicales) o una legislación de Registro Civil que vetara la inscripción de nombres de mujeres o varones con reminiscencias religiosas (con la consiguiente lesión de tradiciones familiares muy arraigadas). Tendríamos un problema, ciertamente.» (del artículo «Ni prudente ni proporcional» de Rafael Navarro-Valls.)


Es otra típica actitud clerical, de limosna y de soberbia.

¿No estaremos ante un caso de «falsa conciencia» por parte de Gustavo Bueno, de pérdida de su capacidad correctora de errores?

No sé si Bueno es consciente de que su imagen de prestigio (indiscutible) está siendo utilizada por determinados medios de comunicación cercanos a la jerarquía católica (hay que recordar que los ateos no tenemos jerarquía) como cuando un circo presentaba la mujer barbuda o el niño lagarto («¡Pasen y vean, el ateo que defiende los crucifijos!») cuando los católicos de base no lo van a entender (dice Pérez Jara en su artículo, pág. 64: «“Analfabetismo” de la mayoría de los creyentes “populares”») y a la jerarquía católica le trae sin cuidado sus argumentos pues no deja de ser un ateo. Solo le interesa que defienda sus posiciones y por eso se le da publicidad.

¿O es que olvida Gustavo Bueno que si la Iglesia católica recuperase el poder perdido en épocas pasadas, le quemarían a usted y a sus libros en la hoguera? Quizás le consuele pensar que este método es mas racional y escolástico que su homologo islámico.


«La sistemática eliminación (incluyendo aquí la eliminación por la muerte o la hoguera) de quienes aportan “materiales” inasimilables o “conflictivos” al sistema de ortogramas dominantes es la causa principal del embotamiento dialéctico y la ocasión para el florecimiento de una frondosa red de recubrimientos apologéticos destinados a desviar los conflictos fundamentales hacia otros conflictos secundarios. La impermeabilidad hace posible el incremento eventual de una certeza o seguridad puramente subjetiva que conduce ordinariamente a la ingenua aceptación, como si fuera la única opción posible, de las propias construcciones ideológicas. La falsa conciencia termina convirtiéndose así en un aparato aislante del mundo exterior (del mundo social, no solamente individual) y su función está subordinada a los límites dentro de los cuales el aislamiento puede resultar ser beneficioso, hasta tanto no alcance un “punto crítico”. Pero en general, cabe afirmar que, cuanto mayor sea el grado de una falsa conciencia, tanto mayor será la evidencia subjetiva, aunque no siempre recíprocamente.» Gustavo Bueno, Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión.

Darwin: 200 años

El científico británico Charles Darwin (1809-1882), figura capital del evolucionismo y del pensamiento moderno, representa como pocos el antagonismo entre religión y ciencia, pues no sólo se dio en sus obras sino en su propia vida.
Principal artífice de la teoría de la evolución por selección natural, validada más de un siglo después por la genética, Darwin, que estudió para ser clérigo, fue y es aun cuestionado porque atribuyó a la naturaleza facultades que muchos consideraban y consideran exclusivamente divinas.
Popularmente Darwin es conocido como el científico que descubrió que el hombre desciende del mono, en contraposición a la versión bíblica que dice que Dios lo hizo a su imagen y semejanza a partir de un puñado de arcilla.
Darwin creía que toda la vida en la Tierra evolucionó durante millones de años a partir de unos pocos ancestros comunes y que mediante un mecanismo de selección natural se llegó a las especies que hoy pueblan el planeta.
Nacido el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury en el seno de una familia acomodada, Charles Robert Darwin manifestó desde pequeño gran interés por las ciencias naturales.
En 1825, siguiendo los pasos de su padre y abuelo, comenzó a estudiar para médico, pero a los dos años lo dejó y a propuesta de su padre decidió estudiar para ser ministro de la Iglesia de Inglaterra en Cambridge.
Más interesado en la naturaleza que en la teología, comenzó a asistir voluntariamente a las clases del botánico y entomólogo John Henslow, el cual fue una figura decisiva para que llegase a ser quien fue y no un clérigo rural como quería su padre.
Gracias a Henslow, Darwin tuvo a los 22 años la oportunidad de integrarse como naturalista sin paga a la expedición comandada por el capitán Robert Fitzroy a bordo del «HMS Beagle».
El barco zarpó de Davenport el 27 de diciembre de 1831 y regresó a Inglaterra el 2 de octubre de 1836.
En esos casi cinco años de periplo, Darwin conoció las islas de Azores y Cabo Verde, las costas de América del Sur, las islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio y Sudáfrica, entre otros lugares, y comenzó su «segunda vida», como él mismo la definió, dedicada a la investigación y la ciencia.
A su regreso a Inglaterra se puso a trabajar en un diario del viaje, que fue publicado en 1839, el mismo año de su boda con su prima Emma Wedgwood, y en la elaboración de textos sobre sus observaciones geológicas y zoológicas.
En su cabeza ya bullían algunas de las ideas que años más tarde desarrolló y plasmó en El origen de las especies (1859).
Aunque supo que, «al fin, había conseguido una teoría con la que trabajar», durante varios años se abstuvo de escribir ni siquiera un esbozo. Se cree que por miedo al escándalo y los prejuicios, aunque hay también que lo atribuyen a que no quería herir los sentimientos de su esposa, que era una cristiana devota.
En 1842 redactó 35 páginas, ampliadas a 230 en 1844, pero hasta comienzos de 1856 no emprendió la redacción de la obra que le daría fama universal y el repudio de los defensores a ultranza con la teoría de la creación del mundo tal como es contada en la Biblia.
En medio de la tarea recibió de otro investigador británico, Alfred Russell Wallace, un breve manuscrito con una teoría de la evolución por selección natural que coincidía con la suya.
Darwin no quería parecer un usurpador y a punto estuvo de olvidar para siempre su teoría.
Finalmente se buscó una solución salomónica que satisfizo al propio Wallace: resumir el texto de Darwin y presentarlo a la Linnean Society junto con el trabajo de Wallace y un extracto de una carta de 1857 en la que constaba un esbozo de la teoría darwiniana.
Tras esa presentación y en solo trece meses y diez días quedó por fin redactada la obra On the Origin of Species by means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life.
El mismo día de la aparición del libro, el 24 de noviembre de 1859, se agotaron los 1.250 ejemplares y posteriormente se tuvieron que hacer seis ediciones sucesivas.
En 1860, el obispo Samuel Wilberforce ridiculizó con brillante elocuencia las tesis evolucionistas en una sesión en Oxford y con igual brillo el zoólogo Thomas Henry Huxley defendió la teoría de Darwin, quien se mantuvo al margen de la controversia.
Por aquel entonces Darwin era ya una celebridad científica y hacía muchos años que había abandonado Londres para instalarse en Down, en plena campiña inglesa, donde nacieron la mayoría de sus diez hijos, de los cuales solo siete llegaron a la edad adulta.
En 1871 alimentó la polémica creada con El origen de las especies con la publicación de El origen del hombre (The Descent of Man and Selection in Relation to Sex), donde defendía la teoría de la evolución del hombre desde un animal similar al mono.
Fue miembro de la Sociedad Real (1839) y de la Academia Francesa de las Ciencias (1878) y los últimos diez años de su vida los dedicó a diversas investigaciones en el campo de la botánica.
Falleció a consecuencia de un ataque al corazón el 19 de abril de 1882 y está enterrado en la abadía de Westminster como otros británicos ilustres.
Lady Elizabeth Reid Hope, una evangelizadora cristiana, afirmó en 1915 que estuvo con Darwin poco antes de su muerte y que éste estaba arrepentido de sus teorías y reconocía a Jesucristo como el salvador de la humanidad, pero su familia lo negó y hoy esa afirmación es considerada una leyenda urbana. (Agencia EFE).

20 años de condena

Londres, 14 feb (EFE).- La fatwa con la que el ayatolá Jomeini condenó a muerte al escritor anglo-indio Salman Rushdie tras la publicación de Los Versos Satánicos cumple hoy 20 años, un periodo en el que el autor ha tenido que vivir escondido y protegido.

La fatua (pronunciamiento legal en el Islam emitido por un especialista en ley religiosa sobre una cuestión específica) sigue vigente, según afirmó esta semana el Gobierno de Irán, aunque desde 1998 excluye oficialmente que se persiga la muerte de Rushdie.

No obstante, el escritor (Bombay, 1947) sigue viviendo puertas adentro por miedo a sufrir represalias de quienes consideran que el libro es blasfemo y, aunque su aislamiento no es tan severo como hace unos años, afirmó recientemente que percibe este asunto de la fatwa como «si tuviera un albatros enganchado al cuello».
El libro fue publicado en el Reino Unido en septiembre de 1988 y fue inmediatamente prohibido en India, su país de origen.

A eso le siguieron numerosas manifestaciones de musulmanes en todo el mundo, con la quema de ejemplares de su libro, hasta que la máxima autoridad de la Revolución Islámica le condenó a muerte.

Rushdie nunca sufrió un ataque, pero sí fueron víctima de agresiones personas relacionadas con su traducción o publicación.

El año pasado afirmó a cadena pública BBC que ha pensado en varias ocasiones escribir un libro sobre lo que ha supuesto vivir permanentemente escondido.

Más recientemente, en otra entrevista con el diario The Times, reconocía que la fatwa le convirtió en uno de los autores más conocidos del mundo, pero le obligó a vivir apartado del mundo.

El escritor afirmaba que aquella condena del ayatolá Jomeini hace dos décadas fue sólo «el prólogo» de lo que iba a ocurrir después con el fundamentalismo musulmán.
«Todo el mundo tendió a creer que era un incidente aislado, más que una indicación de algo más grande; se tendió a creer que era mi culpa», decía Rushdie, que lamentaba que las ciudades de su vida -Nueva York, Londres y Bombay- hayan sufrido tres de los atentados terroristas más sangrientos de los últimos años.
«Es extraño que las tres ciudades que he querido en mi vida hayan sufrido ataques terroristas en los últimos 10 años», señalaba.

Rushdie criticaba a los países occidentales de falta de contundencia contra los fundamentalistas islámicos.

En el caso del Reino Unido, aseguraba, estos extremistas se han instalado con la complacencia de los sucesivos Gobiernos, tanto los conservadores como los laboristas, hasta el punto de que se hable de la capital británica como «Londonistán».

«Este país se convirtió en refugio seguro para todos los grupos extremistas de este mundo. Es de idiotas, de idiotas», decía.

La cuestión de la fatwa se recuerda hoy con motivo del aniversario, pero el escritor aparece con más frecuencia en los medios británicos por su vida personal que por sus problemas políticos o incluso que por su trayectoria literaria.

En la citada entrevista con The Times, el autor de los Versos satánicos explicaba que le cansa haberse convertido en un protagonista de la prensa del corazón por su inestable vida sentimental y sus salidas nocturnas, y lamentaba que los tabloides británicos le retraten como un juerguista mujeriego.

«Todo el mundo va a fiestas. La diferencia es que cuando yo voy a fiestas sale en la prensa», decía Rushdie, de 61 años, que se ha divorciado en cuatro ocasiones y tiene dos hijos.

Fernando G. Toledo